Receta sencilla donde las haya, los jarretes de Ternasco de Aragón guisados con alcachofas son un clásico. Para que queden perfectos recomendamos utilizar alcachofas frescas de temporada, nos obstante van a quedar riquísimos también si usamos una conserva de calidad.
Aunque nosotros preparamos la receta de la forma tradicional, puedes utilizar la olla exprés para acortar tiempo de cocción. En ese caso deberás tener los jarretes durante unos 20 minutos.
Si te apetece un buen guiso de Ternasco de Aragón pero no quieres preparar esta receta, te recomendamos la paletilla con longaniza y espárragos blancos, la caldereta o un rico rancho con churrasquitos de cordero.
Dificultad baja
En primer lugar salpimentamos los jarretes de Ternasco de Aragón y los marcamos junto a los dientes de ajo ligeramente machacados en una olla amplia con un chorrito de aceite de oliva. Deben quedar bien dorados, de esta forma el guiso quedará más sabroso.
Vertemos el brandy y dejamos cocinar durante 2-3 minutos a fin de que se evapore el alcohol.
A continuación añadimos el agua y cocinamos a fuego medio durante una hora.
Pelamos las patatas baby y las alcachofas. Las troceamos en dos o cuatro partes en función de su tamaño e incorporamos ambas al guiso. Cocinamos el conjunto durante 15 minutos más.
Aunque recién hecho está buenísimo, como casi cualquier guiso, los jarretes de Ternasco de Aragón con alcachofas recomendamos comerlos de un día para otro.
¡Ya sólo nos queda elegir un buen vino y disfrutar!
Autor: Paula Durán
Cocinar para comer es una necesidad, en mi caso el mejor gimnasio mental en el que desestresarme. Amante de la cocina tradicional e internacional y sobre todo del Ternasco de Aragón.
Para los fríos días de invierno no hay nada mejor que llevarse al cuerpo un buen plato de cuchara. Calentitos y consistentes, mano de santo para reponer fuerzas y entrar en calor. En nuestra web tenemos más de 20 recetas de cordero guisado para que las ideas no os falten y no os aburráis guisando cordero en vuestra cocina.
Hoy os traemos un plato lleno de sabor, un estupendo guiso de cordero, con falda de Ternasco de Aragón, con alubias blancas. Para resucitar a un muerto.
Esta es una receta sencilla y que si bien hay que preparar las alubias en remojo con antelación, y guisarlas durante un par de horas (depende de la variedad), podemos simplificarla mucho utilizando unas alubias en conserva de calidad.
Nosotros os damos la receta que nos gusta más, la tradicional, la de chup-chup lento, la de abuela… aunque os iremos dando indicaciones si queréis usar judías blancas de bote.
En nuestra receta utilizamos caldo de cordero. Para prepararlo podemos utilizar, por ejemplo, los huesos de una pierna deshuesada o aprovecharlo de un guiso de jarretes, falda o cuello. Si no tenemos la ocasión de prepararlo con cordero lo podemos hacer con otra carne.
Dificultad baja
La víspera o día anterior pondremos las alubias secas en un bol o cacerola grande y las cubrimos de agua hasta arriba. Lógicamente, si utilizamos alubias de bote obviamos este paso.
El día de la elaboración escurrimos las alubias y las colocamos en una olla. Las volvemos a cubrir de agua limpia. Cuando hierva, las escurrimos para quitarles las impurezas y las volvemos a cubrir, en este caso, con el caldo de cordero o de carne. También podemos eliminar las impurezas con una espumadera. Una vez más, este paso lo obviamos si utilizamos conserva.
Mientras las alubias se cocinan prepararemos la falda de Ternasco de Aragón. Pondremos 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra en una sartén y la freirmos. Salpimentamos y reservamos.
En el mismo aceite que el cordero los añadimos la cebolla y el ajo cortados muy pequeños. Dejamos que se pochen lentamente.
Cuando haya pasado una hora, añadimos a las judías la falda de Ternasco de Aragón y la cebolla y ajo pochados. Dejaremos cocinar durante una hora más o hasta que las judías estén tiernas.
Si hemos utilizado alubias en conserva, las añadiremos en una cacerola con algo de caldo y el cordero dorado y la cebolla y ajos ya pochados. Dejaremos cocer todo hasta que el Ternasco esté tierno y lo tendremos listo.
¡Decoramos con el perejil picado y a disfrutar!
Recomendamos este plato para un día fresco aunque, por qué no, podemos comerlo en cualquier época del año. Como a todos los guisos con legumbre le van genial unas guindillas encurtidas para decorar el plato y un buen vino tinto, si es de Aragón, mejor que mejor. ¡Buen provecho!
Autor: Paula Durán
Cocinar para comer es una necesidad, en mi caso el mejor gimnasio mental en el que desestresarme. Amante de la cocina tradicional e internacional y sobre todo del Ternasco de Aragón.
Los callos de cordero son amados y odiados a partes iguales. Si eres de los primeros sabrás que tiene un sabor un poco más intenso que los de ternera o cerdo, pero ese es su punto característico. De todas formas con el resto de ingredientes el sabor se suaviza y el plato resultante es fino y meloso.
Es un plato que las abuelas cocinaban (y cocinan) a fuego lento durante horas, aunque se pueden acortar los tiempos si usamos una olla exprés. La receta de callos de cordero que os traemos nosotros hoy está hecha a fuego lento, pero os damos también indicaciones por si la queréis hacer en olla rápida.
También os dejamos por aquí nuestras recetas de casquería de cordero: mollejas al ajillo, madejas fritas, manitas en salsa, asadura con patatas y cebolla y riñones al Jerez.
A continuación os explicamos la lista de ingredientes y el paso a paso para que estos callos de cordero al estilo tradicional os queden de 10. Pero antes una recomendación: nuestros callos están ya limpios y no es necesario hacerlo, pero puede que en el mercado nos encontremos con que tienen algunas impurezas. Lo que haremos será, a la hora de cocinarlos, darles un hervor de 5 minutos y tirar el agua. Lo mismo haremos si nos gustan con un sabor más suave.
El segundo consejo es preparar un buen pan y un buen vino tinto de acompañamiento…
Dificultad baja
Comenzaremos poniendo a remojo el día de antes por la noche los callos en agua fría (en la nevera) y los garbanzos en agua del tiempo.
El día del cocinado escurrimos los callos y cocinamos a fuego medio-bajo durante 1 hora. Como hemos dicho anteriormente, si tienen impurezas o queremos suavizar el sabor, los hervimos antes durante 5 minutos, desechando el agua.
Una vez pasada la hora añadimos a la cacerola la cebolla y los dientes de ajo picados. También la panceta, el chorizo, el laurel, el pimentón dulce, el pimentón picante (si no nos gusta que pique, añadimos 2 cucharadas de pimentón dulce. Si no tenemos pimentón picante podemos añadir una cayena), un poco de sal y aceite de oliva virgen extra.
Cuando el conjunto vuelva a hervir incorporaremos los garbanzos y cocinaremos a fuego medio-bajo durante 2:30h más. Momento en el que probaremos los callos y los garbanzos para ver si ya están tiernos. En caso contrario seguimos cocinando hasta que estén al gusto. Rectificamos de sal si es necesario y… ¡a comer!
Si utilizamos la olla exprés acortaremos los tiempos de cocción a la mitad. Y si optamos por unos garbanzos de bote los añadiremos unos 10 o 15 minutos antes de finalizar la cocción.
Autor: Paula Durán
Cocinar para comer es una necesidad, en mi caso el mejor gimnasio mental en el que desestresarme. Amante de la cocina tradicional e internacional y sobre todo del Ternasco de Aragón.
Como en la mayoría de platos tradicionales, el origen de la pepitoria no está demasiado claro. Unos dicen que la palabra procede de petit-oie, cuyo significado es «pequeño ganso», ya que de estas aves se hacían en Francia las pepitorias. Otros que de piperitoria, a su vez de piper (pimienta).
En lo que todas las fuentes coinciden es en que es un guiso en el que se utiliza la carne y los despojos del animal, o solamente estos últimos, y que su salsa se engorda con yema de huevo, pan y almendra picada.
En nuestro caso, como siempre, utilizaremos Ternasco de Aragón. Para esta receta hemos elegido collares (medallones del cuello) por su proporción de carne y grasa y por su cantidad de gelatina. También unos hígados de cordero, que le darán a la salsa un toque de sabor y textura.
El cordero en pepitoria es un guiso sencillo, con ingredientes disponibles en cualquier mercado o supermercado. Si no encuentras collares de Ternasco de Aragón, puedes decirle a tu carnicero que te los corte de un par de centímetros de grosor.
También puedes utilizar trozos de falda o de paletilla.
Sigue el paso a paso de la receta y verás como a tus invitados se les pone cara de felicidad en cada bocado. Tu única preocupación será el no haber comprado suficiente pan para mojar en la salsa.
Dificultad baja
En primer lugar salpimentaremos los collares de Ternasco y los pasaremos ligeramente por harina. Los sellaremos en una cacerola amplia y alta. Una vez se hayan dorado los reservamos.
A continuación trituramos los dientes de ajo hasta formar una pasta y los cocinamos en la misma cacerola que hemos dorado el Ternasco. Cuando los ajos comiencen a desprender aroma, añadimos la cebolla picada muy pequeña (en brunoise fina) y cocinamos el conjunto a fuego medio-alto durante unos cinco minutos.
Mientras el ajo y la cebolla se cocinan podemos ir triturando el hígado de cordero. Pasados los cinco minutos lo añadimos y cocinamos hasta que el hígado se haya cocinado.
Incorporamos de nuevo a la cacerola los collares de Ternasco de Aragón y vertemos el vino blanco. Lo dejaremos hervir durante 5 minutos hasta que el alcohol se haya evaporado por completo.
Pasado ese tiempo añadimos el caldo de carne junto con tomillo y romero al gusto (cuidado no pasarnos, sobre todo con el tomillo) y la hoja de laurel. Mezclamos bien y cocinamos durante 90 minutos a fuego medio-bajo.
Aprovechamos este tiempo para tostar el pan. Para ello echamos un poco de aceite de oliva virgen extra en una sartén y le vamos dando vueltas hasta que quede crujiente. Hay que tener cuidado porque corremos el riesgo de que se nos queme. También podemos hacerlo en la tostadora. Debe quedar bien tostado.
Añadimos el pan a una picadora o batidora y lo trituramos junto con la almendra tostada y las yemas de los huevos cocidos.
Cuando nuestro guiso esté casi listo incorporamos a la picada un poco de su caldo y trituramos hasta tener una mezcla homogénea. De esta forma nos será más sencillo repartirlo por la cacerola. Coicnamos 10 minutos más y ya tenemos lista nuestra pepitoria de cordero Ternasco de Aragón.
Un buen acompañamiento para este plato son las patatas, fritas o asadas, aunque por su contundencia podemos acompañarlo de una ensalada aragonesa. Ya solamente te queda elegir un buen vino (aragonés, a poder ser) y disfrutar de este estupendo plato.
Autor: Paula Durán
Cocinar para comer es una necesidad, en mi caso el mejor gimnasio mental en el que desestresarme. Amante de la cocina tradicional e internacional y sobre todo del Ternasco de Aragón.
Aunque las primeras referencias sobre el cachopo asturiano aparecen a primeros del siglo XVIII, nos es hasta mediados del S. XX cuando este plato no alcanza una gran popularidad, en base principalmente al buen hacer de varios restaurantes de Oviedo.
Es un plato que, tanto en su origen como en la mayoría de los casos, se cocina con filetes de ternera, pero que admite multitud de variantes, tanto en su carne como en su relleno.
Lo has adivinado, ¿verdad? nosotros vamos a hacerlo con cordero Ternasco de Aragón, como no podía ser de otra forma.
Obviamente, por el tamaño del animal, un cachopo de cordero no puede ser de igual tamaño que el original, por lo que os proponemos hacer dos cachopines por ración.
Podéis rellenarlos con lo que más os guste. El relleno clásico es el jamón serrano y un queso semicurado que funda bien, pero si te gusta más puedes ponerle, por ejemplo, queso azul. Nosotros vamos a darle otra vuelta de tuerca a la receta original y los vamos a rellenar de cecina y crema de queso curado Granja Perales, nuestro queso. Una delicia. Si quieres saber dónde comprarlo echa un vistazo aquí.
Antes de comenzar con la receta os vamos a dar un par de consejos que están dirigidos a que el rebozado quede crujiente y no se nos rompa a mitad de fritura.
El primero es dejar reposar unas horas (mínimo dos) la carne rellena sin rebozar en la nevera para que esta se asiente y el rebozado agarre mejor. Una vez rebozado otra media hora mínimo. Lo ideal es prepararlos al punto de la mañana o el día anterior y freírlos a la hora de comer.
El segundo es el doble rebozado. Quedará mucho más crujiente y también nos aseguraremos de que aguanta mejor, ya que la crema de queso se vuelve prácticamente líquida y si esta se derramase por el aceite el cachopo no quedaría igual de jugoso por dentro.
Dificultad baja
Comenzaremos elaborando la crema de queso curado Granja Perales, ya que es conveniente que pierda un poco de temperatura antes de rellenar los cachopos.
Su elaboración es muy sencilla. Ponemos en una cacerola la mantequilla, cuando esté derretida añadimos el queso a trocitos o rallado y dejamos que funda. En cuanto esté fundido, incorporamos la leche y la nata. Cocinamos hasta conseguir una textura de queso de untar. Hay que tener en cuenta que cuando enfríe ganará algo más de textura. La reservamos.
Extendemos los filetes finos de cordero Ternasco de Aragón y emparejarlos de dos en dos para que el tamaño sea el mismo.
Sobre la mitad de los filetes colocaremos un trozo de cecina y una cucharadita de crema de queso curado. No hay que poner demasiado queso o corremos el riesgo de que después se salga.
Taparemos con otro filete fino de Ternasco de Aragón y daremos por la parte de fuera un punto de sal. Por dentro no es necesario, ya que se la aporta la cecina y la crema de queso.
Los vamos colocando en un plato, los tapamos con papel de aluminio y los dejamos en la nevera durante, al menos, un par de horas. Así conseguiremos que la carne se asiente y coja mucho mejor el rebozado después.
Pasamos por huevo batido los cachopines de Ternasco de Aragón rellenos. Después los pasamos por pan rallado y repetimos la operación. De esta forma haremos un doble rebozado, quedando los cachopines más crujientes y jugosos.
Ponemos a calentar el suficiente aceite de oliva como para que al menos cubra la mitad de los cachopines. Freímos hasta que queden dorados, con cuidado de no pasarnos o los cocinaríamos en exceso. Lo ideal es un fuego medio-alto y no dorarlos demasiado.
En esta ocasión hemos elegido unas patatas fritas clásicas cortadas a gajos y unos pimientos del piquillo asados para acompañar a los cachopines de Ternasco de Aragón, pero también les va de maravilla una ensalada, cebolla asada, champiñones… ¡Buen provecho!
Autor: Paula Durán
Cocinar para comer es una necesidad, en mi caso el mejor gimnasio mental en el que desestresarme. Amante de la cocina tradicional e internacional y sobre todo del Ternasco de Aragón.
La fideuá se consume durante todo el año, pero es sobre todo en verano cuando más nos gusta comerla. Acompañada de un vaso de una buena sangría casera en primera línea de playa es algo difícil de superar.
Si no vas a tener la ocasión de comerla en la playa te dejamos por aquí una receta de fideuá sencilla, muy sabrosa y, cómo no, con Ternasco de Aragón.
Prepararla es muy simple si tenemos en cuenta un par de aspectos clave: es conveniente que el caldo que preparemos sea sabroso y que prestemos especial atención a las cantidades del mismo y de fideos.
Para preparar el caldo podemos utilizar, por ejemplo, los huesos de una pierna deshuesada de Ternasco de Aragón o aprovecharlo de un guiso de jarretes, falda o cuello. Si no tenemos la ocasión de prepararlo con cordero lo podemos hacer con otra carne, aunque no será lo mismo.
Por otro lado, si en lugar de utilizar fideos del nº 0 (cabello de ángel), utilizamos unos más gorditos, tendremos que añadir más caldo que el indicado en esta receta. Aunque no es lo más recomendable, podemos añadir un poco más a lo largo de la cocción si vemos que no es suficiente con el que hemos puesto al principio. Si tenemos que añadir más caldo, este tendrá que estar hirviendo.
Dificultad baja
En primer lugar, prepararemos el caldo, a poder ser, con Ternasco de Aragón.
Pelamos la cebolla y la picamos en brunoise, es decir, en trocitos pequeños. Hacemos lo mismo con los pimientos, los cuales tendremos lavados previamente. Reservamos las verduras.
Es el momento de poner el caldo a fuego medio para que se vaya calentando poco a poco.
En una cazuela amplia calentamos un poco de aceite de oliva virgen extra y añadimos la falda de Ternasco de Aragón chuleteada, salpimentamos y doramos. La reservamos.
En el mismo aceite pochamos la cebolla y los pimientos durante unos quince minutos o hasta que veamos que se ablandan. A continuación, añadimos los fideos y los tostamos.
Una vez los fideos están dorados, incorporamos las hebras de azafrán y la falda de Ternasco. Removemos durante un par de minutos hasta que todos los ingredientes estén bien integrados.
Vertemos el caldo, el cual tiene que estar hirviendo y cocinamos durante 2 minutos. Retiramos del fuego, tapamos y dejamos reposar 5 minutos.
A la hora de servirla podemos hacerlo con alioli, aunque recomendamos que sea en poca cantidad para poder apreciar bien el sabor del Ternasco de Aragón. Para acompañar a la fideuá podemos servir unos vasos de sangría casera bien fría. ¡Buen provecho!
Autor: Paula Durán
Cocinar para comer es una necesidad, en mi caso el mejor gimnasio mental en el que desestresarme. Amante de la cocina tradicional e internacional y sobre todo del Ternasco de Aragón.
El curry es el nombre de la mezcla de especias o del plato preparado con estas y que procede del este y sudeste asiático (especialmente la India). No hay una receta concreta de esta mezcla, ya que en cada zona y hasta cada persona tiene su propia preparación. En el S. XVIII fue introducida en Europa por el Reino Unido y Países Bajos, que la habían conocido en sus colonias de aquella época.
Estamos muy familiarizados a ver en el supermercado el curry en polvo, pero originalmente era una pasta (que podemos encontrar en algunas grandes superficies y en tiendas especializadas). En cuanto al color podemos dividirlos en 3 grandes grupos y que dependen de los ingredientes (y sus tonalidades): verde, amarillo y rojo.
Tras este (muy) breve repaso a la historia de este rico plato vamos a ver las opciones y acompañamientos con los que podemos prepararlo.
Se puede utilizar cualquier carne para preparar un curry, pero con el Ternasco de Aragón, por su sabor y jugosidad queda de maravilla. Para esta ocasión hemos elegido la pierna picada por su baja cantidad de grasa y, además, podemos aprovechar el hueso para hacer el caldo. Aparte de pierna para albóndigas, podemos utilizar otras partes del Ternasco de Aragón para hacer un curry, como los collares, falda chuleteada, churrasquitos, jarretes…
Si queremos un auténtico sabor indonesio, aunque bien extendido por todo el sudeste asiático (India, parte de China, Vietnam, Camboya…), lo prepararemos con leche de coco. Generalmente viene en lata y se encuentra en prácticamente cualquier supermercado o en tiendas de productos asiáticos. Otra variante, aunque con un sabor totalmente distinto, es utilizar nata o leche evaporada, esta última muy apropiada si queremos un plato un poco más ligero.
En cuanto a los acompañamientos, como siempre, podemos dejar volar nuestra imaginación, aunque el más utilizado con diferencia es el arroz blanco, normalmente largo y al que podemos añadir pasas y/o frutos secos. También podemos acompañarlo con unas verduras cortadas a tiras finas y salteadas, una ensalada, patatas, pan… Las opciones son casi infinitas.
Dificultad baja
Pediremos a nuestro carnicero que nos pique pierna de cordero Ternasco de Aragón (le pedimos que nos de el hueso para el caldo).
Prepararemos las albóndigas con unas horas de antelación. En un plato ponemos la miga de pan, mojamos en leche y lo reservamos. En una ensaladera grande colocamos la carne picada de Ternasco de Aragón y la salpimentamos.
Añadimos cilantro picado al gusto (si no nos gusta podemos utilizar perejil), el huevo y la miga de pan habiéndola escurrido antes de la leche sobrante. Mezclamos hasta obtener una masa uniforme. Colocamos en un cuenco amplio, tapamos con papel film y refrigeramos durante unas horas (mejor hasta el día siguiente).
Para el caldo elegimos las verduras que más nos gusten (cebolla, puerro, zanahoria…) y las doramos en una olla junto al hueso de cordero. Cuando todo esté bien dorado, añadimos agua (dependiendo de la cantidad de caldo que queramos) y hervimos durante 1h 30 min en olla convencional o 40 min en olla exprés.
Para preparar las albóndigas formamos bolas del tamaño de una nuez y pasamos por harina eliminando el exceso de esta. Freímos en aceite de oliva hasta que queden doradas por fuera pero sin cocinar por dentro, escurrimos el exceso de aceite y reservamos.
Cortamos en brunoise, es decir, en daditos pequeños, la cebolla y pochamos en una sartén hasta que quede transparente. A continuación, añadimos el caldo de Ternasco de Aragón, la leche de coco y el curry y cocinamos a fuego medio durante 10 minutos. Añadimos las albóndigas y cocinamos durante 10 minutos más.
A la hora de servir espolvoreamos cilantro (o perejil) y cebollino al gusto. Es recomendable servirlo bien caliente y acompañado, como os hemos sugerido antes, de arroz blanco, verduras salteadas o lo que más nos guste. ¡Buen provecho!
Autor: Paula Durán
Cocinar para comer es un necesidad, en mi caso el mejor gimnasio mental en el que desestresarme. Amante de la cocina tradicional e internacional y sobre todo del ternasco de Aragón.
El chilindrón es un guiso típico y originario de Aragón y que pronto se extendió a zonas limítrofes como Navarra, La Rioja o País Vasco, siendo uno de los platos más populares de la gastronomía española.
Aunque como con cualquier guiso tradicional la receta cambia con facilidad de una zona a otra, los ingredientes básicos de la salsa chilindrón son el tomate, el pimiento rojo y la cebolla, lo que nos da la idea de que este plato se solía preparar en primavera y verano, ya que era la época en la que tradicionalmente se recolectaban estos ingredientes.
Tres ingredientes principales como tres son las cartas ganadoras (sota, caballo y rey) del juego que lleva el mismo nombre que la salsa, que se jugaba sobre todo en Teruel y del que se dice que el que ganaba decidía quien pagaba la comida, que era este famoso guiso.
Orígenes aparte, este guiso es una forma sencilla de preparar un sabroso plato sin complicarnos demasiado, ya que todos los ingredientes a utilizar para la salsa chilindrón son básicos de nuestra nevera. Cebolla, tomate, pimientos, ajo, jamón, aceite… ingredientes que todos solemos tener en casa.
En este caso hemos elegido los jarretes de Ternasco de Aragón porque su ternura y gelatina los hacen ideales para guisar, quedando muy tiernos y jugosos. Vamos con la receta.
Dificultad baja
Ponemos una cazuela ancha al fuego con un chorro de aceite de oliva que casi cubra el fondo. Salamos los jarretes de Ternasco de Aragón y los doramos sin cocinarlos por dentro.
En el mismo aceite añadimos el diente de ajo picado, la cebolla y los pimientos troceados en brunoise, es decir, en daditos muy pequeños. Para el resultado final del plato es recomendable cortar de igual tamaño todas la verduras. Las pochamos durante unos diez minutos.
A continuación añadimos el jamón y el pimentón, mezclamos bien, cocinamos un minuto y vertemos el tomate triturado. Es importante controlar que el pimentón no se nos queme, de lo contrario puede aportar un sabor desagradable al guiso. Salamos al gusto.
Una vez hayamos incorporado el tomate añadimos de nuevo a la cazuela los jarretes de Ternasco de Aragón, tapamos para evitar que el tomate salte y cocinamos a fuego medio-bajo durante unos 50 minutos o hasta que los jarretes estén guisados. A media cocción añadimos una hoja de laurel y el vino blanco.
Esta receta se puede acompañar con unas patatas fritas, a lo pobre o como más nos gusten. Si queremos dar un poco de frescor a nuestra comida podemos acompañarlos de una ensalada. ¡Buen provecho!
Autor: Paula Durán
Cocinar para comer es un necesidad, en mi caso el mejor gimnasio mental en el que desestresarme. Amante de la cocina tradicional e internacional y sobre todo del ternasco de Aragón.
Aunque los riñones de cordero se han cocinado en Aragón desde siempre, para esta receta vamos a irnos un poco al sur, concretamente a Jerez. Posiblemente sea una receta originaria de la etapa árabe, ya que la carne de cordero era la que más consumían y aprovechaban la casquería para multitud de platos y guisos.
En Jerez de la Frontera, ciudad con gran tradición vinícola, supieron combinar y hacer suya esta receta que forma parte del extenso recetario tradicional español, siendo una de las más populares entre las que incluyen casquería de cordero.
Los riñones al Jerez son un bocado riquísimo, el cual estamos seguros de que si lo probáis os va a gustar muchísimo. Delicados, suaves, sabrosos… a partir de ahora pueden convertirse en uno de vuestros aperitivos favoritos, ya que presentarlos en tostada es una forma diferente y original de comerlos.
Para los fans de la casquería de cordero, os recomendamos que le echéis un ojo a las recetas de mollejas al ajillo, madejas, manitas de cordero en salsa o asadurilla encebollada.
Dificultad baja
Comenzaremos la receta limpiando los riñones. Puedes pedir a tu carnicero que lo haga. Para ello los partimos por la mitad sin llegar hasta el final, como si fueran un librillo.
Los colocamos en un bol amplio y los cubrimos con agua fría y el vinagre de manzana durante 15 minutos. De esta forma soltarán la posible sangre que pudieran tener en su interior y quedarán bien limpios por dentro.
Pasado el tiempo les damos un buen remojón en agua limpia y los secamos con la ayuda de papel absorbente. Una vez limpios los troceamos al gusto y los reservamos.
En una sartén calentamos dos cucharadas de aceite de oliva virgen extra y añadimos el ajo bien picado, la cebolla también picada fina y espolvoreamos una pizca de sal. Pochamos el conjunto hasta que la cebolla comience a dorarse sin que se llegue a tostar demasiado.
A continuación añadimos los riñones salpimentados y cocinamos a fuego muy fuerte. Estos tardan muy poco en hacerse, apenas 15 minutos. Una vez estén hechos, añadimos el vino de Jerez y cocinamos hasta que espese la salsa.
Cuando estén listos cortamos unas rodajas de un buen pan y las tostamos. Ponemos sobre ellas los riñones al Jerez y espolvoreamos perejil fresco picado por encima.
Recomendamos encarecidamente acompañar esta receta con un buen vino, ¡buen provecho!
Autor: Paula Durán
Cocinar para comer es un necesidad, en mi caso el mejor gimnasio mental en el que desestresarme. Amante de la cocina tradicional e internacional y sobre todo del ternasco de Aragón.
Este receta resultó ganadora del concurso de cocina amateur en 2023 «Quien tiene una madre, tiene una receta», organizado por la tienda de comida para llevar «La Tradicional», en Zaragoza, cocinada por nuestro compañero de marketing Miguel Navarro. Una receta que en su casa ha ido pasando de generación en generación.
Una receta simple, con pocos ingredientes y que estamos seguros de que la incorporarás a tu recetario habitual una vez la hayas probado. Este guiso de Ternasco de Aragón con longaniza y espárragos es un plato tradicional que se prepara en muchas casas de Aragón desde tiempos ancestrales. Nosotros en esta ocasión hemos querido ser fieles a la receta que conocemos, pero si queréis podéis añadir también unas alcachofas al guiso. También quedan muy bien unos huevos escalfados o abiertos (como se dice en Aragón) en el caldo del guiso.
El corte de Ternasco de Aragón que nosotros hemos utilizado es la paletilla, que puedes encontrarla en bandejas ya fileteada o te la puede cortar a trozos gruesos tu carnicero de confianza. También puedes utilizar unos jarretes, que quedan muy melosos y los otros dos cortes que comúnmente se utilizan en guisos y calderetas, la falda chuleteada y los collares.
Dificultad baja
En una cacerola baja o sartén amplia ponemos un buen chorro de aceite de oliva virgen extra. En él doramos la carne y la longaniza a fuego medio-alto y las reservamos. Deben quedar doradas por fuera pero sin hacer por dentro, ya que terminarán de cocinarse después.
En el mismo aceite (quitamos un poco si es demasiado) pochamos el ajo y el perejil picados (reservamos un poco de perejil para la decoración). Una vez pochados agregamos la harina y la cocinamos un poco hasta que coja color. Con la harina lo que conseguiremos es que el caldo quede con más cuerpo.
Añadimos el Ternasco de Aragón, la longaniza, el agua de los espárragos y un poco más de agua si fuese necesario. No hay que cubrir del todo la carne. Salamos al gusto.
Cocemos a fuego bajo durante 1 hora y media o hasta que la carne esté tierna. Lo sabremos porque se desprenderá fácilmente del hueso.
Cuando falten 5 minutos añadimos los espárragos al guiso. Simplemente para que cojan temperatura y se ablanden un poco.
Una vez hayan pasado los 5 minutos, retiramos del fuego y dejamos reposar durante mínimo 10 minutos más.
Podemos presentarlo en la mesa con la misma cazuela, en una bandeja reservando el caldo aparte o servir directamente en los platos. Espolvoreamos un poco del perejil picado que hemos reservado para la decoración y listo para comer. ¡Buen provecho!
Autor: Paula Durán
Cocinar para comer es un necesidad, en mi caso el mejor gimnasio mental en el que desestresarme. Amante de la cocina tradicional e internacional y sobre todo del ternasco de Aragón.